Cuentos.

Embrujo

 

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La mujer corría apresuradamente por las calles de la ciudad; su bolso se tambaleaba de un lado hacia otro. Su abrigo comenzó a molestarle poco a poco, comenzó a sudar. El anillo que llevaba en la mano, ese anillo que jamás salía de su vista, se deslizo imperceptiblemente por su dedo, hasta perderse entre la multitud que caminaba por aquella vereda.

 

Las ideas se cruzaban sin cesar en su cabeza, no podía ordenar sus pensamientos.  Un sinfín de posibilidades se presentaban como posibles. Pero primero tenía que llegar. Su andar comenzó a perder velocidad, ya no podía más. Se sentía mareada, se detenía en cada paso que daba, hasta que al fin su caminar cesó, y con ello se encontró en medio del centro de la gran ciudad.

 

Intentó moverse, pero no pudo. Sintió sus manos hinchadas, las miro y  su anillo ya no estaba. La desesperación la embargo, sintió que caía en un abismo. Necesitaba responder a la pregunta, ¿Dónde estaba el anillo? Tal vez lo había perdido para siempre.

 

Ya no importaba el apuro de unos minutos atrás, no importaba si no llegaba a tiempo, ya que en ese momento solo el anillo tenía importancia, no había otra razón de seguir atada a la vida, no había motivo para volver a tener prisa, solo por él vivía.

 

            Sus manos estaban desnudas.

 

Sin embargo, pudo mover sus articulaciones para abrir su bolso. Sabía que no estaba ahí, jamás lo sacaba de su mano; ya no tenía amante, ni esclavo de su locura. Había  dejado caer su único sueño de amor, su obsesión irrenunciable, y con él, el valor de aquel embrujo pronunciado.

 

Se dejo caer al suelo, era un estorbo entre la multitud.

 

Tirada allí tuvo un minuto de lucidez. Claro, el anillo ya no estaba, pero ella aun seguía viva, se sentía capaz de pararse y correr, de tener prisa nuevamente. Se levanto, su y como el abrigo le incomodaba, lo dejo tirado la calle. De pronto comenzó a correr, esta vez se dirigió a su casa. Estaba viva, tenía una oportunidad de ser feliz.

 

En casa, entre lo que parecía olvidado, estaba el embrujo pronunciado.

 

 

 

 Acto fallido

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Ella frente a su sombra escuchando la decisión, a tientas en la penumbra ambas escuchan el veredicto.

 

Sus manos salen de sus bolsillos.

 

Ya no hay recuerdos ni esperanzas que la aten a la vida. Tampoco un amor esperando en el sofá.

 

Sus bolsillos ahora están vacios.

 

Un sonido estridente resuena a los pies de la escalera. Ésta es testigo de la pérdida.

 

Las rodillas se doblaron, sin control sobre su cuerpo. Los recuerdos ya no existen.

 

Ella abrió los ojos como todas las mañanas.

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Publicado en on diciembre 4, 2008 at 5:41 pm  Comentarios (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. holalalahalahlaa

  2. y tus cuentos??


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